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Extracto 15

CARACAS - 1975

En 1975 María Juana viaja a Venezuela, Colombia y Perú. Entre noviembre y diciembre, expone individualmente en Caracas, en el Centro Venezolano – Argentino de Cooperación Cultural y Científico Tecnológica “Capriles”. 

También en esa ciudad emplaza, en la residencia del Embajador Argentino, “Símbolo profano I”, hierro policromado, 410 x 100 x 100 cm, 1970. La obra sufrirá las consecuencias de la falta de cuidados a lo largo del tiempo. 

En una carta fechada el 29 de diciembre de 1993, la Embajadora Argentina en Caracas le comunica a la artista el estado de deterioro de la obra y la imposibilidad de recuperarla. El ATHV conserva en su colección “Símbolo profano II”, bronce policromado, 135 x 30 x 30 cm, 1971.

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Extracto 14

GALERÍA ARTE NUEVO - 1973

1973, 19 de noviembre. A poco de la vuelta de Perón en su tercer mandato, María Juana inaugura su quinta muestra individual en la galería Arte Nuevo de Álvaro Castagnino, en el 1° piso de Florida 939. En esta ocasión expone 17 obras producidas desde 1966 hasta el momento: las primeras que realiza con planos de hierro pintado, las primeras transposeñas, la serie Real-virtual, relieves, serigrafías. 

Entre ellas, las más recientes son el “Homenaje a los revolucionarios de la primera hora” (1973) y el proyecto de mural “Grito ahogado” (1973) que, más adelante, llamará “Homenaje a Chile” en referencia al golpe de Estado perpetrado en septiembre. Ambas obras están ostensiblemente atravesadas por el agitado momento político y social que marcaba a la región.

El ATHV conserva diapositivas y fotografías de esta muestra, recortes de las críticas que publicó la prensa del momento, y el catálogo y su boceto diseñado por Maria Juana.

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Extracto 11

LA CIUDAD: HOMENAJES Y ÁNGELES

Una constante en la producción de María Juana Heras Velasco son los diversos homenajes que dedica a distintos artistas, escritores y músicos, en quienes encuentra una cercanía estética o de pensamiento.

En “Homenaje a Guariento” (1970) se detiene en el ciclo de ángeles del pintor italiano del 1300, Guariento di Arpo de Padua que posiblemente vio en su viaje a Europa en 1964. María Juana parte de esas figuras aladas, observa sus direcciones y formas estructurantes para arribar a una abstracción sintética en la que los nimbos se resuelven como círculos rojos plenos y las alas con planos blancos recorridos por líneas diagonales en abanico. Este repertorio formal estilizado es retomado en la serie de dibujos “Homenaje a Allen Ginsberg” (1979) o “El vuelo del ángel” (1979), en los que construye un campo visual complejo con las formas aladas planean entre las señales de la ciudad. Aquí la referencia se hace explícita con la transcripción de cuatro versos al pie del dibujo:

“(mi rock and roll es el movimiento de un ángel

 volando en la ciudad moderna)

(tu agitación Oscura es el movimiento

de un serafín que ha perdido las alas)”

(Ginsberg, A un viejo poeta en el Perú, 1960)

En “Homenaje a Piazzolla” o “La muerte del ángel” (1980-81), en clara alusión a la pieza musical del compositor de la serie del Ángel de 1962, vuelve a abordar a esta figura en múltiples ensayos y bocetos que derivarán en relieves con variaciones.

En todos los casos el ángel, sublimado en una abstracción dinámica y fluyente, construye su convicción imaginativa de la ciudad moderna.

En el ATHV se conservan estudios y bocetos que documentan estos procesos de abstracción.

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Extracto 10

LA CIUDAD: PAISAJE URBANO Y SEÑALÉTICA

Desde comienzos de los años setenta María Juana Heras Velasco trabaja en torno a lo urbano. Su interés por la ciudad, que atravesará toda su producción posterior, está sujeto a la necesidad de hablar de su tiempo. De allí surgen los temas y el repertorio formal de sus obras. El sistema visual de la señalética urbana, las vistas aéreas de la ciudad, e incluso la producción de poetas, músicos y artistas contemporáneos cuyas obras también abordan distintos aspectos de lo urbano, serán sus referencias estéticas o puntos de partida. Así surgen las numerosas Transposeñas, las Ciudades, “Homenaje a Piazzolla” (1874/1980), “Homenaje a Allen Ginsberg” (1977/1979/1980), “Requiem a un ciudadano” (1976).

En uno de los textos del catálogo de su última muestra individual (Empatía, 2006), María Teresa Constantín observa: “Una mirada rápida limitaría la obra de María Juana Heras Velasco a las búsquedas y problemas de la escultura abstracta, a las posibilidades expresivas de formas y colores. Sin embargo, como señala la artista: ‘la problemática no está en la figuración o no figuración sino en que la obra respire el momento, el tiempo en que fue creada.’”*

Muchas de sus esculturas de hierro policromado adquieren dimensiones monumentales y tienen el destino de ser emplazadas en el espacio público para convivir con quienes habitamos la ciudad, para interpelarnos acerca de aquello que hemos naturalizado de nuestro propio entorno cotidiano. 

 

*María Teresa Constantín, en María Teresa Constantín y Diana Wechsler, Heras Velasco, Empatía Espacio de Arte, Buenos Aires, 2006. 

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Extracto 09

TRANSPOSICIÓN DE UNA SEÑAL, 1971

En 1971 María Juana Heras Velasco presenta en la Galería Arte Nuevo la primera de sus Transposeñas. Bajo el título Transposición de una señal la exposición está integrada por una única obra, “Transposeña 71” (1971), actualmente perteneciente a la colección del Museo Nacional de Bellas Artes.

La artista concibe esta muestra como un proyecto integral, diseña los afiches y catálogos, y selecciona dos fragmentos textuales de Umberto Eco y de Walter Gropius a modo de presentación. Interviene la sala de la galería integrando la obra al espacio expositivo a través de los colores y de distintos elementos formales que invitan al espectador a entrar y recorrerlo. 

La escultura de chapa de hierro de 145 x 190 x 56 cm está construida a partir de pliegues y ensambles abulonados que generan planos de contornos rectos en distintas direcciones, sobre ellos se dibujan áreas planas de color amarillo y negro. Su materialidad, sus formas y sus colores tienen como punto de partida la señalética urbana, la obra remite a ellas a la vez que desarticula su sentido comunicacional dirigido a regular la conducta. 

En una nota del Diario La Opinión, Hugo Monzó señala: “La escultora no cree en la señal a la manera del pop, o sea registrando el adminículo concreto en la imagen. Para ella la señal se une al paisaje urbano como una realidad cotidiana que invade los sentidos del hombre emitiendo órdenes, provocando reflejos. Todo esto insertado en un entorno bello y hostil, dinámico y estático que Heras Velasco procura transmitir en sus estructuras.”

El interés por el espacio público y el entorno urbano será una constante a lo largo de su producción, y tendrá como resultado las numerosas Transposeñas que realiza desde 1971. “‘Mi estructura no es concreta -señala la artista a La Opinión- No parto de elementos teóricos o de una imagen preconcebida, sino de la realidad que en el proceso arriba a una abstracción.’» 

Heras Velasco concibe estas esculturas para integrarse al mismo paisaje del que surgen, para convivir con quienes lo  habitan; busca con ellas hablar el lenguaje de su tiempo, generar extrañeza y reflexión sobre estos artefactos de carácter normativo que forman parte de la experiencia cotidiana. 

Sus intenciones poéticas quedan de manifiesto a través de los dos fragmentos que cita en el catálogo de la exposición:

“… el artista lleva a cabo una especie de bufa polémica contra el mundo industrializado que lo rodea, expone los restos arqueológicos de una contemporaneidad que se consume día a día, petrifica en su irónico museo las cosas que nosotros vemos diariamente sin darnos cuenta de que desempeñan, para nosotros, el papel de fetiches. Las substrae a su contexto habitual y así las deforma y nos enseña a verlas con mirada desencantada. Pero al hacer esto, por agria que sea su polémica, que a menudo asume la forma de una consciente oposición social, nos enseña también a amar esos objetos, nos recuerda que la realidad contemporánea, en sus formas más utilitarias, oculta reservas de emoción estética.” Umberto Eco

“Formemos un nuevo gremio de artesanos sin la arrogancia clasista que pretendía levantar un presuntuoso muro entre artistas y artesanos. Deseemos, inventemos, creemos en común la nueva construcción del futuro, que lo será todo en una estructura única: arquitectura y escultura y pintura, que, de millones de manos artesanas, se alzará un día hacia el cielo como el símbolo cristalino de una nueva fe venidera.” Walter Gropuis

Fragmentos seleccionados por María Juana Heras Velasco para integrar el catálogo de su exposición individual Transposición de una señal en la galería Arte Nuevo en 1971, donde presentó la primera de sus Transposeñas.

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Extracto 08

EXPERIMENTACIÓN CON MATERIALES INDUSTRIALES: ACRÍLICO

Hacia mediados de los años 60 María Juana Heras Velasco abandonaba las técnicas tradicionales de la escultura para comenzar a experimentar con materiales y procedimientos de origen industrial. En este momento comenzó a trabajar con chapa de hierro, y realizó, también, las primeras aproximaciones al uso de materiales plásticos. 

La artista realizó esculturas y relieves en acrílico motivada, como muchos entonces, por las convocatorias realizadas por el Salón Plástica con Plásticos, organizado por la Cámara Argentina de la Industria Plástica, realizado en el Museo Nacional de Bellas Artes en 1966, y, más tarde, por los Salones Artistas con Acrílicos Paolini realizados en las salas del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, de los que la artista participó en dos de sus ediciones, en 1972 y en 1973. Entre las obras que expuso allí están: “Signo lineal” (1972), “Real virtual” (1972), “Requiem por tres astronautas” (1972), “Transposeña VI” (1973) y “Homenaje a los revolucionarios de la primera hora u Homenaje a Malevich” (1973).

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Extracto 07

EXPERIMENTACIÓN CON MATERIALES INDUSTRIALES: CHAPA Y PINTURA

Hacia mediados de los años 60 María Juana Heras Velasco abandonaba las técnicas tradicionales de la escultura para comenzar a experimentar con materiales y procedimientos de origen industrial. Así comenzó a trabajar con chapas de hierro a las que aplicó color a través de las técnicas utilizadas en la industria automotriz. Tal como ella misma lo describió, realizaba en sus obras un trabajo similar al que se llevaba a cabo para arreglar la carrocería de los autos. Cortaba, soldaba, masillaba, lijaba, enmascaraba y pintaba con soplete; cuando sus dimensiones así lo requieren, encargaba el plegado de sus piezas. 

“Yo empecé modelando con arcilla. Acercarme a otros materiales era un desafío. Cuando descubrí la capacidad expresiva del hierro supe lo que quería hacer con él”, recuerda Heras Velasco en una entrevista en 1998. La artista continúa explicando que comenzó  a trabajar con chapa a partir de la necesidad de aligerar el volumen de materia sólida, buscando un material que envolviera el volumen del vacío.(2) 

A partir del uso de la chapa de hierro María Juana Heras Velasco comienza a consolidar su vocabulario formal ligado a la geometría, y una particular forma de entender el espacio, en la que tanto el lleno como el vacío tienen un rol activo. Esta concepción espacial, que surge con las enseñanzas de Fontana, se desarrollará a lo largo de toda su producción.

(1)Herminia Devoto, “María Juana Heras Velasco. La vitalidad” (entrevista), Manos a la obra, año 1, n° 8, Buenos Aires, marzo de 1998. Pp. 26-29.

(2)Ibid.

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Extracto 06

PRIMERA EXPOSICIÓN INDIVIDUAL, VAN RIEL, 1959

En 1959 María Juana Heras Velasco realizó su primera exposición individual en la mítica Sala V de la galería Van Riel. Bajo la dirección de Frans van Riel hijo, la galería se ocupó activamente de la promoción de los artistas jóvenes, y constituyó un importante espacio de exhibición tanto para consagrados como para noveles. 

Entre otras exposiciones importantes, se realizaron allí el primer Salón de Nuevas Realidades, arte abstracto-concreto-no figurativo en 1948; la muestra de Raúl Lozza, primera muestra de pintura Perceptista  en 1949; la muestra siete pintores abstracto del grupo BOA: Macció, Peluffo, Borda, Chab, Testa, Robirosa y Sakai en 1957. En 1959, además de la muestra de Heras Velasco, se realizaron las exposiciones individuales de Espinosa, Berni, Paparella y Gambartes, y la primera muestra del Movimiento Informalista.

En la sala V de la galería, destinada a la exhibición de las manifestaciones más innovadoras del arte, la artista expuso un conjunto de obras abstractas de carácter orgánico, realizadas en cemento, yeso, madera y bronce que mostraban su camino hacia la abstracción. La exposición se presentó acompañada de un catálogo y una serie de afiches serigrafiados diseñados por la artista. Su maestro, Emilio Pettorutti, acompañó los preparativos de la muestra desde Europa a través de un intercambio epistolar donde la aconsejó y le transmitió su apoyo. 

En un artículo de prensa el crítico Córdoba Iturburu elogiaba así el conjunto de obras exhibidas: “En todos los casos, su forma presenta una fisionomía de originalidad equilibrada y, en ciertas oportunidades, un impulso de vuelo que les confiere, a pesar de las reducidas dimensiones, un acento de airosa monumentalidad.” Sus observaciones parecen anticipar la producción posterior de la escultora, en la que sus obras comienzan a adquirir dimensiones cada vez mayores, con la voluntad de ocupar un lugar en el espacio público.

Pocos años después, en 1962, la artista realiza su segunda exposición individual, también en la Galería Van Riel, esta vez, en la Sala I. Desde entonces María Juana mantuvo con Frans van Riel una larga relación de mutuo respeto y cariño.

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Extracto 05

MARÍA JUANA Y ALBERTO (1952)

En diciembre de 1952 María Juana Heras Puerta se casó con Alberto Victoriano Velasco. Desde entonces dejó de firmar su obras como “Heras Puerta” para comenzar a hacerlo como “Heras Velasco”.

Con Alberto compartió el interés por la poesía y la prosa, incluyendo la de la llamada “generación beat”, que se manifestara en algunas de sus obras. Juntos realizaron tres viajes a Europa en 1964, 1971 y 1980, cuando visitaron también la ciudad de Nueva York. 

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Extracto 04

ATELIER PETTORUTI (1947-1952)

En 1947, luego de disolverse la Escuela Libre de Artes Plásticas Altamira, María Juana Heras Velasco continuó asistiendo a las clases de pintura en el Aterlier Pettoruti en el antiguo edificio de la calle Charcas 1763. Al cabo de un tiempo la artista instaló allí su propio taller junto al de su maestro, y a los de los artistas Pablo Edelstein, Víctor Chab, y Febo Martí, entre otros. 

Así recordaba María Juana Heras Velasco una de las clases de dibujo de Pettoruti:

Me puso a dibujar una mesa con una botella. Yo dibujé la mesa, después la botella.

-Bien -dijo Pettoruti, al tiempo que agregaba una copa al modelo-: Ahora dibuje la copa.

Cuando terminé, añadió un tacho.

-Dibújelo -me dijo-. Cuando todo estaba listo, y muy cuidadosamente ejecutado, él agregó una tela -: ¡Adelante!

Como a mí se me había terminado la mesa, no tuve más remedio que decir:

-Señor, no cabe.

-¿Cómo -preguntó el maestro-, no está sobre la mesa?

-Sí… (era evidente que estaba).

-Bueno, entonces quiere decir que algo anda mal en su dibujo”.(1)

Además del trabajo sobre la espacialidad en el dibujo, el estudio del color ocupaba un lugar fundamental en las clases de Pettoruti. Ambos elementos, espacio y color, resultarán centrales en el lenguaje plástico de Heras Velasco que, hacia los años sesenta, comenzará a aplicar color a sus esculturas de chapa de hierro.